Enfermedades de transmisión sexual  

                       El uso de los preservativos

Estar infectado/a por el VIH o por cualquier enfermedad de transmisión sexual, no implica abstenerse de tener una vida sexual satisfactoria ni limitar la sexualidad, pero se deben adoptar las medidas necesarias para proteger a la pareja.

Ni la marcha atrás, ni la ducha vaginal, ni los espermicidas, ni los anticonceptivos, ni el diafragma protegen de la transmisión del VIH.

  • Siempre que tengas relaciones sexuales de penetración debes usar un preservativo, y deberás usarlo correctamente.
  • La penetración vaginal sin preservativo es aun más peligrosa durante la menstruación.

  • No olvides que existen muchas formas de quererse que procurarán placer sin penetración.


El VIH no puede atravesar la membrana de látex de los preservativos. Estudios de laboratorio han demostrado que el látex intacto de los condones constituye una barrera eficaz frente al VIH y otros microorganismos que causan enfermedades de transmisión sexual (gonorrea, herpes, hepatitis B, clamidia y citomegalovirus).

Los fallos del preservativo son improbables, la rotura de los mismos es un hecho infrecuente y se debe principalmente, al uso de lubricantes oleosos (aceites); exposición al sol, calor, humedad; rasguños con los dientes o las uñas, manipulación inadecuada y falta de experiencia.

Hay situaciones que favorecen su no utilización: el abuso de alcohol u otras drogas, el temor al rechazo, el miedo a la disminución del placer sexual, la depresión, los conflictos de pareja, el deseo no confesado de tener un hijo, la necesidad de sentirse "normal", un amor apasionado.

Las prácticas sexuales orales (felación y cunnillingus) también entrañan un riesgo de infección por el VIH, aunque mucho menor que el de las prácticas de penetración. Evita que el semen o fluidos vaginales (especialmente sangre menstrual) entren en contacto con tu boca o la de tu pareja.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó un análisis donde se combinaron datos de nueve estudios publicados. Se observó que los usuarios de condones tenían dos tercios menos del riesgo de contraer gonorrea, tricomoniasis o infección por clamidia que los no usuarios.

En ese mismo análisis, se descubrió que los usuarios de condones tienen un riesgo relativo de contraer VIH del 0.4, o sea menos de la mitad del riesgo a que se exponen los no usuarios.

En informes publicados en varios países, se encontró que la posibilidad de infección del VIH disminuía considerablemente entre las personas que usaban condón, al compararla con la de las que no lo hacían.